Noticias

Matando espero

El Espectador- Colombia 2010-08-14
Orbita Global
Por Marcos Peckel


Imposible en ocasiones comprender lo que hay en la cabeza de algunos gobernantes, cómo es el mundo que ven, qué sonidos son los que oyen, qué los motiva a hacer lo que hacen, qué macabra realidad infieren en su cerebro, qué complejos tendrán de su vida pasada o de su infancia y adolescencia, a qué le temen y cómo, en últimas, perciben la humanidad, el ser humano y el poder.

El presidente sirio Bashir al Assad está perpetrando un genocidio a cuenta gotas contra su propio pueblo, cometiendo indescriptibles atrocidades, arrasando aldeas, pueblos y ciudades, asesinando indefensos ciudadanos, bombardeando plazas repletas de manifestantes pacíficos, disparándole a oradores y líderes, aplastando humildes viviendas y vehículos, aniquilando a su propio país por el simple fin de permanecer en el poder.

El poeta sirio Ibrahim Qasoush quien, con el único arma de sus valerosas palabras, arengó a manifestantes en Homa, apareció asesinado, su cuerpo desfigurado por las torturas y sus cuerdas vocales arrancadas. Un símbolo más de la barbarie de los asesinos que se enquistan en el poder en el suntuoso palacio presidencial de Damasco.

Sin embargo, nada les ha resultado pues, como dijo el caricaturista sirio Ali Farazat a la red de televisión Al Arabya, “el pueblo ya perdió completamente el miedo. Por eso siguen saliendo en números crecientes, con una loable valentía a la calles a exigir sus mínimos derechos que por tantos años les han sido esquilmados. Aquí cabe preguntarse que motiva a las masas a continuar con las marchas y protestas poniendo su vida en peligro inminente.

Es tal el salvajismo que han desplegado los esbirros de Assad, miembros de la gobernante minoría Alauita, que hasta regímenes árabes que tradicionalmente no se manifiestan frente a estos hechos han protestado vehementemente, algunos como Arabia Saudita y Kuwait han llamado a sus embajadores a consultas.

Entre tanto el Consejo de Seguridad, hasta ahora, ha permanecido impávido por la amenaza de veto a cualquier resolución condenatoria a Siria, por parte de Rusia y China, aliados de Assad. Además de sus cómplices en esta matanza, el sátrapa cuenta con la geopolítica como uno de sus principales soportes. En esta despiadada tragedia no se sabe quién hace el papel de Nerón, si el presidente Assad o la comunidad internacional.

Desprovisto ya de toda legitimidad, ¿por qué el régimen sirio continúa matando? ¿Qué espera el presidente oftalmólogo ganar con sus demenciales actos? ¿Qué le dirá al oído su esposa británica si es que aún no ha huido a su Londres natal?

Lo que está ocurriendo en Siria nos deja varias lecciones sobre la humanidad, el poder y el ser humano, pero sobre todo cuando las ansias de libertad de un pueblo superan el miedo no hay régimen alguno que pueda detenerlas.